Método Perfetti

Qué es el ETC  |  Cómo se aplica  |  A quién va dirigido  |  Documentación

Experiencia de Stefania (43 años)

Experiencia de Stefania después de padecer un Ictus en el pedúnculo del cerebelo y nervio facial a los 43 años:

¡Ha pasado mucho tiempo…pero cuántas cosas han cambiado!

¡Qué extraño!…Piensas que determinadas cosas sean seguras, automáticas, que de alguna manera estén consolidadas y que la vida por ningún motivo te las pueda arrebatar. Sin embargo, de repente llega el ictus para recordarte que todo puede cambiar y que nada es seguro en nuestra vida.

¡Nunca habría pensado que me pudiese suceder!

Después del ictus andaba insegura, cojeaba, sólo andaba si me sujetaba alguien, no conseguía comer, lavarme los dientes, escribir, conducir…había perdido todos los movimientos refinados que sirven para realizar las pequeñas cosas de siempre, de cada momento y que en la vida cotidiana son naturales y las damos por descontado.

No sentía la parte derecha de mi cuerpo y en particular, toda la parte derecha de mi cara estaba inmóvil, dura, fría, me parecía estar sin piel con todos los músculos y los huesos a la vista. No sentía el ojo derecho, sólo podía ver cuando mi cuerpo estaba parado y no cuando me movía…y así muchas otras situaciones desagradables que han cambiado.

Comienzo la rehabilitación en el hospital, me dan masajes en la cara, pero la siento siempre más rígida y fría. También siento que la parte derecha del cuerpo después de los masajes y el ejercicio físico que me mandan que haga se pone cada vez más rígida y encima los dedos de la mano derecha comienzan a “saltar” incontroladamente.  Nada mejora… ¡Ayuda! … Estaba convencida de reponerme en pocos días y en cambio, me encuentro todavía con más dudas que antes.

Llego a Villa Miari (Centro de Estudio del Profesor Carlo Perfetti), soy desconfiada, tengo miedo. El sitio parece un poco raro, todo en silencio, hay mucha tranquilidad respecto al sitio de la rehabilitación anterior donde había estado, que al contrario eran muy animados…¡En fin…!

Con un poco de aprensión empiezo a realizar las terapias…no entiendo nada durante los 4 o 5 primeros días cuando me hacen un motón de fotografías, videos y preguntas.

Después, casi por encanto, comienzo a sentir el terreno con el pie derecho e inicio a andar mejor; todo esto sin darme cuenta de nada, sin saber el por qué mi estado de ánimo temeroso deja poco a poco espacio a situaciones emocionales agradables.

                                      

Pienso que quizás tengan razón con esta terapia un poco “extraña”, y empiezo a fiarme por completo. Escucho con atención lo que me dice la terapeuta, que me trata con profesionalidad interpretando con la máxima atención cada uno de mis movimientos.

Por primera vez, desde que he tenido el ictus me parece que finalmente alguien haya entendido el camino para ayudarme y mejorar.

Me fío completamente, escucho lo que me dicen, presto más atención…toda la que tengo, busco con todas mis fuerzas físicas y mentales el poner en práctica las indicaciones que me dan y… casi por arte de magia…comienzo a escribir mejor, a lavarme los dientes en modo uniforme, a sentir la piel de la cara, y a tener más armonía en mis movimientos corporales. En definitiva, comienzo a aprender a estar más atenta a las partes de mi cuerpo que siento menos y a sentirlas un poco más parte de mi.

Todas las modificaciones de mi cuerpo son muy lentas, pero poco a poco aprendo a sentir mi pierna, el brazo, la columna vertebral, la piel en la cara. La cara sigue siendo la parte más difícil de despertar y pasan meses para sentir la mejoría, aunque aún después de un año veo que siempre continúo progresando.

Todo esto con los ojos cerrados, concentrada, con ejercicios a los que no encontraba sentido al principio del tratamiento. Pero buscan la forma de ayudarme a encontrarlo, experimentando las sensaciones en otras partes de mi cuerpo que siento mejor. Por ejemplo, me hacen sentir cómo cambia la sensación con la mano en tensión o relajada, ¡no hay comparación! Con los músculos de la mano relajados se siente mucho más, así es que pienso que también con la cara si consigo tener la tensión muscular bajo control, conseguiré sentir mejor. Estoy más atenta, e intento entender cuando mis músculos se ponen rígidos y como consecuencia busco relajarlos.

Trabajamos con la cara, tengo que sentir las superficies táctiles que me proponen, las regletas en sus diferentes combinaciones pero... ¡no siento nada! Pasan los meses y la parte de la cara está menos rígida, menos fría, los “lazos” que la retenían se han aflojado; dentro de la boca, a través de los ejercicios, empiezo a sentir los gustos…salado, dulce…comienzo a sentir si tengo algo quieto en la boca y a despertar una sensibilidad que parecía realmente olvidada.



El tiempo pasa, me vuelvo más fuerte, más segura, me siento decididamente mucho mejor.

Aún continúo trabajando pero siento que la terapia me mejora cada día y la puedo trasladar a la vida cotidiana cada vez que lo necesito.